África, Kenya, Tanzania

Lecciones de vida en una aldea masai

27 mayo, 2016 • Por

Cuando oímos hablar del Masai Mara, se nos vienen a la cabeza cientos de animales, cientos de paisajes y también esas tribus que nos parece increíble que puedan vivir de esa forma en pleno año 2015. Los masai son una de las múltiples tribus que habitan Kenya y Tanzania. En nuestro viaje a éstos países del este de África pudimos descubrir de que forma vive esta gente dentro de una aldea masai.

 

 

La aldea masai en Masai Mara, Kenya

En nuestro alojamiento del Masai Mara en Kenya, cuando teníamos ya asimilado que nos íbamos de la reserva, un miembro del poblado masai cercano nos ofreció ir a visitarlo. No tuvimos que pensarlo demasiado, es una de las cosas que ya llevas en mente desde que empiezas a organizar tu viaje en el sofá de tu casa

 

Joven masai cuidando un grupo de vacas en Masai Mara

En la entrada a la aldea, un grupo de hombres masai nos dan la bienvenida, nos piden una pequeña aportación (1000KES por persona,10$) que, en este caso sirve de donación para la escuela de la aldea. que irá destinada a la escuela. Con esto empieza su auténtica bienvenida e invitan, en este caso a Fran, a saltar con ellos en su tradicional danza. Ya hemos cruzado el umbral, ya somos uno de ellos (al menos por un rato )  y nos animan a visitar la aldea. El asentamiento no es más que un círculo de chozas hechas de ramas y cerrado por empalizadas que evitan que el ganado se escape.

 

El paisaje lo forman un suelo repleto de barro, mujeres que conversan a la puerta de sus casas y niños que juegan con lo poco que tienen. Algunos de ellos, los más mayores, vuelven del colegio con el único uniforme que poseen hecho añicos y con su sonrisa eterna. En la escuela nos sorprende que estudian inglés y swahili desde edades muy tempranas. Nuestro “guía”, el jefe de la aldea, nos da las lecciones básicas acerca de sus costumbres, cultura y su día a día, haciéndonos un “tour” por el recinto, mostrándonos cómo hacen el fuego (invitándonos a probar), cómo cubren las casas de excremento para reforzarla, o explicándonos los rangos de poder en función de la edad del masai representada en el tipo de ganado que pueden llevar a pastar

Vista del centro de la aldea masai

Niña masai transportando a su hermana

Jovenes masais descansando en aldea masai

Niños masais jugando desnudos en aldea masai mara

El jefe de la aldea nos abre la puerta de su casa, una choza con varios compartimentos hecha de paja, barro y excrementos dónde nos explican que conviven 4 niños y los padres de los mismos en un mismo habitáculo donde reina la oscuridad y el único atisbo de luz entra a través de un minúsculo tragaluz. Al salir de la casa, nos sorprenden varias mujeres agarrando a Silvia para que las acompañase, pues ellas tenían preparada su bienvenida. Cada vez se sumaban más hasta formar una danza tradicional con una paliducha en medio intentando seguir el ritmo de sus cantos. Una experiencia más, en tan poco margen de tiempo…

Típica estructura masai de paja, barro y excrementos

Mujeres masai refuerzan su choza con excremento en Masai Mara

Danza de bienvenida de las mujeres masai

Para acabar la visita nos trasladan a un mercadillo de artesanía donde no faltarían mil ofertas de pulseras, collares y demás souvenir cuyos beneficios van a parar a la comunidad. Una cosa que gusta especialmente a la gente local es el intercambio, por ello aprovechamos el momento para hacerles entrega de una camiseta del Deportivo de La Coruña (equipo de nuestra ciudad) y otra del Real Madrid, por las que conseguimos a cambio la pulsera de uno de ellos  También nos llevamos de España un lote de lápices, los cuáles repartimos entre los más pequeños.

Mercadillo artesania en aldea Masai Mara

Tres mujeres masai dialogando

Madre masai con su hijaen aldea masai

Intercambio de camisetas y pulseras en aldea masai en Masai Mara

 

A pesar de haber visto y oído múltiples experiencias sobre si es demasiado turístico o si está muy preparado, el mezclarse con los Masai no entiende de palabras… y es algo realmente increíble conocer su forma de vida y su cultura tan diferente de las nuestras. Por ello, nos fuimos sabiendo que una parte de ellos se viene de vuelta a España con nosotros y sintiendo que algo nuestro se queda en el poblado.
La aldea masai en Ngorongoro, Tanzania

Se suele decir que las cosas que no se planean terminan siendo las mejores ,y nosotros pudimos aplicarlo a lo que nos ocurrió en una aldea masai próxima a la caldera del Ngorongoro, una de esas cosas que no están marcadas en ninguna ruta. Regresábamos de pasar dos días en Serengeti cuando el conductor se desvió para que nuestros compañeros ruso/suizos conociesen una aldea masai próxima. Como ya habíamos visitado una aldea en Masai Mara rechazamos la oferta (20$ por persona en este caso). Esta oferta rechazada seria el punto de inicio de nuestra historia.
Al lado de la aldea, en un descampado de tierra, tres niños de unos 13-14 años jugaban semidescalzos con un trozo de cuero sin aire que hacía las veces de balón. Mi debilidad futbolística hizo que nos acercásemos a jugar con ellos, y en cuestión de minutos pasamos a ser cerca de 30 personitas y el partido se nos fue de las manos…

Niñas masai jugando

Decidimos regalarles los últimos lápices de colores que nos quedaban, y nos sacamos selfies con todos, ¡alucinaban al verse en el móvil! Mi camiseta pasó de blanco a marrón al andar revolcando por el suelo y se acercaban a sacudirme, pero no importaba, ¡queríamos ser uno más! Una experiencia más alucinante que cualquier safari que se terminó convirtiendo en uno de los momentos más bonitos del viaje y, por qué no, de nuestras vidas.

Grupo de niños masai en Ngorongoro

Selfie de grupo con los niños de la aldea masai en Ngorongoro

Este grupo de niños nos descubrieron más cosas de las que se pudiesen imaginar. Y es que a ninguno de ellos les faltaba la sonrisa en la cara a pesar de no tener un iphone, una ps4 o las botas de Cristiano Ronaldo. Nos enseñaron que la felicidad ni está en lo material ni entiende de clases sociales y, sin quererlo, pasaron a formar parte de esas experiencias vitales que enseñan más que cualquier libro.

 

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